En Congreso Futuro 2026, la experta en vivienda social y derecho a la ciudad Ana Sugranyes analizó el aumento de campamentos y los recientes desalojos en Chile. A partir de los casos de Antofagasta y San Antonio, mostró que frente al conflicto también existen experiencias de organización y construcción de ciudad desde las propias comunidades.

¿Quién construye la ciudad? Para la arquitecta chileno-catalana Ana Sugranyes, la respuesta no está únicamente en el Estado ni en el mercado, sino en las comunidades organizadas. En su charla “Haciendo ciudad desde la adversidad”, presentada en Congreso Futuro 2026, la experta puso foco en la crisis habitacional y criticó la estrategia de desalojos que se ha intensificado en el país durante los últimos años.

“El tema de los desalojos… Chile desde hace tres años ha entrado en esta lógica de no resolver los problemas sociales de las comunidades más abandonadas y de dejarlas en manos de otra forma de violencia: sacarlas a la calle. Y sabemos que cada vez en la calle hay menos posibilidad de resolver los problemas de la vivienda. O sea, sacar a la gente a la calle es reproducir el mismo problema”, afirmó.

Sugranyes planteó que el debate urbano suele reducirse a normas, planificación estatal o desarrollo inmobiliario. “Cuando hablamos de hacer ciudad, pensamos a menudo que es un tema del Estado o del mercado”, señaló. Sin embargo, sostuvo que son los habitantes, a través de sus organizaciones, quienes construyen efectivamente la calidad de vida en los territorios.

La ciudad como espacio de conflicto

En su diagnóstico, la ciudad es, por definición, un espacio de tensiones. “Es un espacio de encuentro o desencuentro entre oportunidades y conflictos: entre el poder económico, el político y el social”, explicó. A su juicio, las violencias urbanas son múltiples y no pueden simplificarse: van desde la congestión vial hasta la precariedad habitacional y la exclusión territorial.

Pero su principal preocupación está en las comunidades “abandonadas y vulneradas”, donde la falta de soluciones estructurales deriva en desalojos que, según indicó, perpetúan el problema en vez de enfrentarlo.

Antofagasta: organización desde el campamento

Como ejemplo, presentó el caso del macrocampamento Los Arenales, en el norte de Antofagasta, que se ha densificado durante la última década ante la falta de alternativas habitacionales formales. Allí, un grupo de alrededor de 40 mujeres creó la organización “Rompiendo Barreras”, con la educación y la autogestión como ejes.

“Este grupo de mujeres ha escrito lo que considero el mejor documento sobre el derecho a la ciudad en Chile, porque logra definir una utopía concreta: una ciudad de buen vivir, donde ellas mismas se reconocen como sujetas de la construcción de esa ciudad”, sostuvo.

La organización no solo elaboró propuestas conceptuales. También impulsó una panadería intercultural y promovió la identificación de cerca de 700 iniciativas económicas dentro del asentamiento. En 2018, con apoyo internacional, presentaron un plan para transformar el campamento en un subcentro cultural y comercial integrado al resto de la ciudad.

Para Sugranyes, se trata de un ejemplo de “hacer ciudad desde el campamento”, donde la comunidad no espera soluciones externas, sino que formula proyectos y negocia con el Estado.

San Antonio: puerto, expansión y desalojos

El segundo caso abordado fue San Antonio, escenario reciente de desalojos masivos en la denominada “megatoma”. La ciudad, además, enfrenta la expansión proyectada de su puerto, el de mayor tonelaje del país.

“Se está proponiendo una ampliación de más del doble de su capacidad. Es un diseño que existe desde hace 20 años, pero que todavía no contempla cómo enlazar el puerto con la ciudad. Y así la ciudad está absolutamente invadida de camiones; estar en San Antonio parece un terremoto perpetuo de ruido y movimiento”, describió.

A su juicio, si el principal puerto de Chile no articula desarrollo económico con respuesta habitacional, se generan condiciones para la informalidad y los conflictos sociales. “Si no se desarrolla desde el mercado y el Estado una respuesta a la demanda habitacional, se multiplican las situaciones que hoy conocemos a través de estos desalojos”, advirtió.

Reconocer a las comunidades

Más allá de los casos específicos, la arquitecta insistió en que el desafío de la política pública es reconocer a las comunidades como protagonistas.

“Lo más difícil en términos de política pública es realmente reconocer al sujeto de este desarrollo como principal protagonista del espacio y de la ciudad”, afirmó.

En ese sentido, llamó a priorizar organización, educación, negociación y visibilización como herramientas centrales para avanzar hacia ciudades más justas. En un contexto que describió como de pérdida de solidaridad y debilitamiento de valores colectivos, planteó que la vivienda digna y la acción colectiva deben volver al centro del debate urbano.

La charla completa de Ana Sugranyes, “Haciendo ciudad desde la adversidad”, está disponible en el canal de YouTube de Congreso Futuro: https://www.youtube.com/watch?v=X9x7zmeZQNI