Un proyecto de ley presentado en el Congreso propone establecer el huso horario GMT-5 como único y definitivo, ante la evidencia de que el sistema actual daña la salud y no produce ahorro energético.
Chile continental retrasará sus relojes una hora en la madrugada del domingo 5 de abril: cuando el reloj marque las 00:00, volverá a marcar las 23:00 del sábado 4. En la práctica, esa noche tendrá una hora más. Las regiones de Aysén, Magallanes y la Antártica Chilena mantendrán su horario actual, mientras que Chile Insular, Isla de Pascua e Isla Salas y Gómez deberán modificar sus relojes a las 22:00 horas. El ajuste, conocido como cambio de otoño, permitirá dormir una hora adicional durante los días inmediatos. Sin embargo, expertos sostienen que el problema no es cuál de los dos cambios anuales es menos dañino, sino que ambos deberían suprimirse definitivamente.
“Hay que eliminar los cambios de horario porque no se puede tener el cambio del otoño, que es bueno, sin luego pagar el precio cuando llega la primavera”, afirmó Jonh Ewer, cronobiólogo y académico del Instituto de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso.
El especialista explicó que el cambio de primavera no sólo resta una hora de descanso, sino que produce efectos agudos sobre la salud, entre ellos un aumento documentado en el número de infartos. Esos efectos, subrayó, están respaldados por evidencia científica consolidada.
El vicepresidente ejecutivo de Fundación Encuentros del Futuro, Guido Girardi, coincidió en el diagnóstico y fue categórico al descartar el argumento del ahorro energético que históricamente justificó el sistema actual. “La medida de ahorro energético fue absolutamente falsa”, afirmó el exsenador, quien recordó que Chile mantuvo el horario de verano durante un año completo sin obtener beneficio alguno.
En su opinión, los costos reales son de otra naturaleza: “El costo en salud, en horas perdidas, en desconcentración, en accidentabilidad, en cáncer, en infarto, es muy superior a cualquier costo que podría significar el ahorro de energía”, declaró.
Frente a la pregunta de con cuál horario quedarse, ambos apuntan en la misma dirección. Ewer indicó que debe ser aquel en que el sol sale más temprano, idealmente el huso horario de Perú, GMT-5, que es el que geográficamente corresponde a Chile. Girardi planteó una transición en dos etapas: adelantar una hora durante el próximo invierno y establecer el GMT-5 de forma permanente al año siguiente, de manera que el amanecer coincida en torno a las 6:00 o 6:30 de la mañana. “Eso eliminaría la deuda de sueño”, sostuvo.
La razón es biológica. Ewer explicó que la luz solar es el estímulo más potente que regula el reloj interno del cuerpo humano, incluso en días nublados, cuando la luminosidad exterior supera al menos diez veces la de cualquier iluminación artificial. Si el sol sale tarde respecto del reloj social, el organismo se despierta tarde, y quienes deben madrugar acumulan un déficit que el cuerpo nunca compensa por costumbre.
“El cuerpo no se acostumbra nunca, el cuerpo siempre sigue el horario del sol”, advirtió. A ese fenómeno se le denomina jetlag social, un desfase estructural que en Chile se agrava porque el país opera con un huso que no corresponde a su posición geográfica.
Los más afectados, precisaron, son los niños y los adolescentes. Su biología los lleva a dormirse tarde por naturaleza, de modo que cuando deben madrugar tras un cambio de hora desfavorable acumulan un déficit que repercute en el aprendizaje, la memoria y la salud física. Girardi enumeró las consecuencias documentadas: “La deuda de sueño se relaciona con problemas como obesidad, Alzheimer, hipertensión, diabetes, infarto, estrés y accidentalidad”, declaró.
Ewer añadió que en Magallanes, donde el sol sale a las 10 de la mañana en pleno invierno, el impacto sobre los adolescentes es de mayor magnitud, y cuestionó la decisión de esa región y de Aysén de mantener el horario de verano de forma permanente, medida que calificó como un desastre. “Es cosa de recordar el año en que se mantuvo el horario de verano permanente: todos los profesores sabían que los niños llegaban dormidos al colegio”, precisó.
El proyecto de ley para establecer el horario invernal de manera definitiva fue presentado en el Congreso con el respaldo del Departamento de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso, encabezado por el Premio Nacional de Ciencia Ramón Latorre y por el propio Ewer. Girardi, quien lideró la iniciativa desde la Comisión Desafíos del Futuro del Senado, acusó que persiste una resistencia injustificada a los datos disponibles. “Hay una mirada negacionista respecto a la evidencia científica que señala que el horario de invierno es el único que debemos tener”, concluyó.
