La preocupación por el cambio climático y las crisis ecológicas ya no es solo de activistas u organizaciones ambientales, cada vez son más los jóvenes que experimentan angustia, miedo y desesperanza frente al futuro del planeta. Desde aquí emerge el concepto “ecoansidedad”, del que habló Tamara Hoffmann, psicóloga clínica, en Congreso Futuro 2026.

La ecoansiedad es la preocupación persistente generada por diversas crisis ecológicas que enfrenta el planeta, como la contaminación del agua, la tierra y el aire, la presencia de microplásticos, pérdida de biodiversidad, especies en peligro de extinción, entre otras. “El conocimiento de estas crisis, la contaminación, la pérdida de vida y el cambio climático, despierta una amplia gama de emociones, como rabia, tristeza, miedo y angustia. Este conjunto de reacciones emocionales es lo que denominamos ecoansiedad”, explica Tamara Hoffman.

A diferencia de otros tipos de ansiedad, no es, en principio, una condición clínica. En su dimensión adaptativa, puede movilizar hacia la acción, fortalecer la conciencia ecológica y promover el compromiso ambiental. Sin embargo, cuando el malestar se intensifica y se vuelve constante, puede derivar en pensamientos catastróficos, alteraciones del sueño, sensación de vacío o desesperanza paralizante, lo que afecta la vida cotidiana

En esta línea se sitúa el trabajo de Tamara Hoffmann. Su investigación más reciente aborda la ecoansiedad como un nuevo concepto en psicología, asociado a la incertidumbre frente al futuro, especialmente en el contexto de la crisis climática. Desde su enfoque, este malestar emocional no debe ser patologizado, sino comprendido como una respuesta humana frente a una amenaza real y sostenida en evidencia científica.

Este concepto se comenzó a utilizar en la década de 1990 y fue incorporado en 2017 al glosario de la Asociación Americana de Psicología como un fenómeno emergente que requiere estudio, sin ser clasificado como un trastorno psicopatológico. Hoffman señala que “es importante aclarar que la ecoansiedad es un concepto de origen social, no una categoría diagnóstica clásica”.

Un estudio global realizado con 10.000 niños, niñas y jóvenes mostró que las generaciones más jóvenes son especialmente vulnerables a este malestar. En Chile, un sondeo del Instituto Nacional de la Juventud reveló que la preocupación, la tristeza y el miedo son las emociones predominantes frente a la crisis climática. Estudios cualitativos advierten que la desesperanza y la sensación de vacío son las más complejas, ya que tienden a paralizar e inhibir la acción.

La experta destaca que “la juventud se ve especialmente afectada por la ecoansiedad. Es la generación con mayor acceso a educación ambiental y, al mismo tiempo, la que vivirá con mayor intensidad los efectos futuros del cambio climático”, por lo que esta combinación genera una fuerte sensación de responsabilidad y una preocupación existencial por el futuro.

Uno de los factores que más intensifica la ecoansiedad es la percepción de que no se está actuando con la urgencia necesaria. En este contexto “las noticias y las redes sociales cumplen un rol ambivalente: pueden aumentar la conciencia ambiental y fomentar la acción, pero también intensificar el malestar cuando la información se presenta de forma alarmista, descontextualizada o distante de la realidad local”, explica Hoffmann.Este fue el tema principal que abordó Tamara Hoffmann en su charla “Ecoansiedad: de la aflicción a la acción”, en Congreso Futuro 2026. Te invitamos a revisar su charla en el canal de Youtube de Congreso Futuro.