La misión científica entre Chile y China completó su primera etapa con inmersiones tripuladas en la Fosa de Atacama, marcando récords históricos y abriendo nuevas preguntas sobre la vida extrema y los megaterremotos. Las investigadoras fueron reconocidas en La Moneda en el marco del Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia.
El océano profundo sigue siendo uno de los territorios menos explorados del planeta. En ese escenario, la expedición internacional JCATE 2026, una alianza entre el Instituto Milenio de Oceanografía y la Academia China de Ciencias, completó la primera etapa de su misión en la Fosa de Atacama, uno de los ambientes más extremos de la Tierra.
A bordo del buque científico Tan Suo Yi Hao y utilizando el sumergible tripulado Fendouzhe, capaz de resistir presiones mil veces superiores a las de la superficie, el equipo realizó 18 inmersiones profundas que alcanzaron cerca de 8.000 metros. Se trata de uno de los esfuerzos de exploración oceanográfica más ambiciosos realizados en aguas nacionales.
Por qué explorar la Fosa de Atacama
No solo se trata de uno de los lugares más profundos del planeta, también es un laboratorio natural estratégico para Chile y para la ciencia mundial. En esta zona, asociada a la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana, se han generado algunos de los terremotos y tsunamis más grandes registrados, y el estudio de sus sedimentos permite reconstruir la historia sísmica del país miles de años hacia atrás, mejorando los modelos de riesgo y la planificación costera.
Al mismo tiempo, investigar la vida a más de 7.000 metros de profundidad, sin luz, bajo presiones extremas y con escasos nutrientes, abre nuevas pistas sobre la adaptación biológica y el origen de la vida en la Tierra.
En este contexto, las inmersiones permitieron recolectar fauna bentónica, material genético ambiental y datos geomorfológicos clave para estudiar cómo sobreviven microorganismos extremófilos, virus y animales en condiciones extremas.
Mujeres chilenas en la frontera del conocimiento
Uno de los hitos más significativos de la expedición fue protagonizado por científicas chilenas.
La geofísica Valeria Cortés se convirtió en la primera mujer en la historia en descender a la Fosa de Atacama, alcanzando los 7.680 metros de profundidad. A este logro se sumó la geóloga de Sernageomin Paola Peña, quien descendió a 7.592 metros, transformándose en la primera funcionaria pública chilena en realizar una inmersión científica de esta magnitud.
El impacto de la hazaña trascendió el ámbito científico. En el marco del Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, ambas investigadoras fueron recibidas en el Palacio de La Moneda por la ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Antonia Orellana, en reconocimiento a su aporte a la investigación.
Un mundo aún desconocido
Pese a los avances, los descubrimientos recién comienzan. Sobre los próximos pasos Valeria Cortés explicó a Congreso Futuro que “muchas de las muestras tienen que pasar por laboratorios para confirmar observaciones. El sumergible tiene muchas cámaras y esas imágenes tienen que ser examinadas”.
Aun así, la experiencia dejó una certeza contundente: “El gran aprendizaje que me quedó fue que este es un mundo muy inexplorado. Muchas de las cosas que observamos eran descubrimientos nuevos y nos dejaban llenos de dudas. Yo quedé llena de preguntas y siento que este tipo de exploraciones son necesarias para poder responderlas”, agregó Cortés.
Más allá del hito científico y tecnológico, la expedición tiene implicancias directas para el país, puesto que comprender la Fosa de Atacama es clave para estudiar la dinámica de la zona de subducción donde convergen las placas de Nazca y Sudamericana, responsables de algunos de los terremotos más grandes de la historia de Chile.
“Cada fosa tiene sus propias particularidades. Si queremos entender el comportamiento sísmico en Chile, necesitamos hacer nuestros propios estudios y comprender nuestra geografía. Si quiero saber si me va a dar un infarto, no puedo usar los exámenes de mi papá: tengo que estudiar mi propio corazón”, explicó Cortés.
Una exploración que continúa
Tras llegar a Antofagasta, la expedición inició su segunda fase, que se extenderá hasta marzo de 2026. El foco estará en estudiar la vida bajo presión extrema y buscar huellas de antiguos megaterremotos para mejorar la comprensión del riesgo sísmico y la preparación ante futuros terremotos y tsunamis.
