El experimento POLARIS, liderado por la investigadora Jenny Blamey de la U. de Santiago, expondrá microorganismos extremófilos vivos del Desierto de Atacama al espacio abierto durante seis meses. Los cultivos regresarán a la Tierra para analizar cómo respondieron a condiciones extremas.

La investigación nacional dará un paso inédito en la investigación espacial. La doctora Jenny Blamey, investigadora de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile, enviará seis microorganismos extremófilos al exterior de la Estación Espacial Internacional, en un experimento que por primera vez expondrá cultivos vivos chilenos al espacio abierto.

El lanzamiento está previsto para el próximo 11 de mayo desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX, siempre y cuando las condiciones climáticas acompañen. 

Este proyecto se enmarca en el experimento POLARIS (sigla en inglés de Polar Organisms Launched for Astrobiology Research in Ionizing Space) e incluye seis microorganismos que fueron aislados en Chile: tres bacterias y tres arqueas extremófilas. Este tipo de microorganismos se caracterizan por su capacidad de subsistir y prosperar en condiciones muy distintas o mucho más exigentes de las que soporta la mayoría de formas de vida en la Tierra.

Una vez en órbita, los cultivos serán instalados fuera de la estación y quedarán directamente expuestos al espacio abierto durante seis meses, enfrentando microgravedad, radiación intensa y temperaturas que pueden oscilar entre los -45°C y los 60°C.

“Es primera vez que se estudiará el comportamiento de microorganismos extremófilos en cultivos viables que estarán expuestos a las condiciones del espacio abierto, fuera de la Estación Espacial Internacional, por seis meses, para luego retornar a nuestro planeta para realizar estudios morfológicos, genómicos y proteómicos que permitan analizar los cambios que han experimentado”, explicó Blamey.

A diferencia de otros estudios en astrobiología, este experimento no utiliza muestras inertes ni simulaciones, sino organismos vivos que deberán sobrevivir a las condiciones reales del espacio. Al regresar a la Tierra, los científicos evaluarán si la radiación, la microgravedad y la ausencia de oxígeno alteraron su comportamiento funcional y metabólico, así como su potencial para generar biocompuestos de interés en futuras misiones a la Luna y Marte. “Buscamos determinar si la radiación, la microgravedad y la falta de oxígeno han modificado su comportamiento funcional y metabólico”, precisó la investigadora.

Los microorganismos utilizados provienen principalmente del desierto de Atacama, donde el equipo de Blamey descubrió organismos capaces de resistir primero a radiación ultravioleta y luego a radiación ionizante del tipo presente en el espacio exterior. La microbióloga Cristina Dorador, de la Universidad de Antofagasta, ha sostenido en múltiples instancias que estos extremófilos son el mejor modelo que tiene la ciencia para imaginar cómo podría ser la vida en otros mundos. 

Pero esta no es la primera vez que Chile envía organismos vivos al espacio. En 1999, un grupo de alumnas del Liceo N°1 Javiera Carrera logró llevar chinitas a una misión espacial, en un experimento apoyado por la NASA que buscaba estudiar su capacidad para controlar plagas en condiciones de microgravedad. Más de dos décadas después, el país vuelve a proyectar su biodiversidad fuera de la Tierra, esta vez con microorganismos capaces de resistir ambientes extremos.

“La relevancia de esta investigación radica en que permitirá estudiar nuevos o eventualmente los mismos compuestos que se generen en el espacio, con potenciales aplicaciones en futuras misiones a la Luna y Marte”, señaló Blamey, y agregó que el experimento tiene además una dimensión nacional: “todos los microorganismos en estudio han sido aislados en Chile”, lo que posiciona al país como fuente de materia biológica para la investigación espacial internacional.

La misión que enviará a estos microorganismos al espacio es un esfuerzo mayor que reúne a la Oficina de Investigación Científica de la Fuerza Aérea de Estados Unidos (AFOSR), el Programa de Pruebas Espaciales del Departamento de Defensa (DoD STP), la NASA, la Academia de la Fuerza Aérea estadounidense (USAFA), la Fundación Biociencia y la Universidad de Santiago de Chile.