En el marco de los 15 años de Congreso Futuro, el encuentro abrió un nuevo espacio para analizar cómo la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías están transformando el mundo laboral. Con un Centro Cultural lleno, expertos nacionales e internacionales debatieron sobre automatización, productividad y desigualdad 

La irrupción de la inteligencia artificial, junto con sus oportunidades y riesgos, fueron los temas que marcaron la primera Cumbre del Futuro del Trabajo de Congreso Futuro 2026. La discusión se instaló desde una premisa histórica: el empleo ha estado en constante transformación, pero nunca a la velocidad en que avanza la revolución tecnológica.

“El debate no es si la robótica va a reemplazar tareas. Eso ya está ocurriendo. El debate es quién se queda con el aumento de productividad. Si un robot trabaja 8.700 horas al año, ¿ese beneficio será para concentrar riqueza o para mejorar la calidad de vida de las personas? Esa es la discusión que quisimos abrir en Congreso Futuro”, afirmó Guido Girardi, vicepresidente ejecutivo de Fundación Encuentros del Futuro y fundador de Congreso Futuro. 

En ese contexto, el evento de divulgación de ciencia y conocimiento más importante de Latinoamérica incorporó por primera vez la Cumbre del Futuro del Trabajo, una instancia destinada a analizar cómo la inteligencia artificial, la robótica y la automatización están transformando el empleo y qué habilidades serán determinantes en el mercado laboral de los próximos años.

Con más de 900 asistentes presenciales y más de 4.500 visualizaciones en streaming, el encuentro realizado el viernes 16 de enero en el salón principal del Centro Cultural CEINA, reflejó el gran interés que este tema despierta en la ciudadanía.

“La empleabilidad se gestiona”, afirmó Denisse Goldfarb, académica y experta en transformación laboral, quien moderó la conversación. Recordó que cada revolución industrial ha implicado procesos de reconversión y reaprendizaje, con oficios que desaparecen y nuevas profesiones que emergen, pero advirtió que la actual transición tecnológica exige una capacidad de adaptación mucho más acelerada.

Sobre esa base se instaló el eje central de la discusión. “La pregunta no es si la inteligencia artificial robará empleos, sino si ampliará la desigualdad”, sostuvo Georgios Petropoulos, investigador en regulación de mercados tecnológicos. A partir del avance de vehículos autónomos y plataformas digitales, explicó que la automatización sustituye tareas específicas, pero también genera nuevas funciones y aumenta la productividad humana. El riesgo, “es la alta concentración de datos, infraestructura y habilidades tecnológicas en un número reducido de empresas”, afirmó. 

La dimensión menos visible de la revolución digital fue abordada por Mark Graham, profesor del Oxford Internet Institute y director del proyecto Fair Work. “Detrás de lo que parece automático hay trabajo humano intensivo”, señaló, al describir las condiciones de quienes entrenan, moderan y etiquetan datos para que los sistemas de inteligencia artificial funcionen. Según planteó, la discusión sobre el futuro del trabajo debe incluir las condiciones laborales que sostienen las cadenas globales de datos.

El debate incorporó también una mirada cultural y geopolítica de Anasuya Sengupta, activista por la justicia epistémica y cofundadora de Whose Knowledge, quien advirtió que “la inteligencia artificial se construye sobre un Internet monocultivo, dominado por lenguas occidentales y grandes plataformas tecnológicas”. A su juicio, una inteligencia artificial entrenada con datos sesgados reproduce desigualdades históricas y excluye saberes de amplias regiones del mundo. “El futuro de la tecnología no es inevitable; podemos construir un ecosistema más diverso”, sostuvo.

Desde la perspectiva organizacional, Raffaella Sadun, profesora de Harvard Business School, subrayó que la adopción tecnológica no garantiza por sí sola mejoras en productividad. “La tecnología no aumenta la productividad si las organizaciones no cambian sus prácticas”, afirmó, enfatizando el rol del liderazgo, la gestión y la estructura empresarial en la integración efectiva de la IA.

El cierre trasladó la discusión hacia el tiempo y el bienestar. Will Stronge, director del think tank Autonomy y referente del movimiento por la semana laboral de cuatro días, planteó que el debate no debe limitarse al número de empleos, sino a la distribución de los beneficios. “Si la tecnología aumenta la productividad, debemos preguntarnos cómo distribuimos esos beneficios”, concluyó.

En su primera edición, la Cumbre del Futuro del Trabajo instaló una discusión que supera el reemplazo de tareas o la creación de nuevas ocupaciones asociadas a las tecnologías emergentes. El debate apuntó a una interrogante más estructural: qué modelo laboral y qué tipo de desarrollo emergerán en la era de la automatización, y cómo se distribuirán sus impactos en productividad, bienestar y desigualdad.Revive el evento en el canal de YouTube de Congreso Futuro: https://www.youtube.com/watch?v=zuxkli3AQ_k&t=5s